Escasez de agua: ¿Por qué las cuencas son la respuesta ante la crisis en Sinaloa?

Los niveles anuales de agua y las proyecciones de lluvia tienden a la baja; aun así, el estado puede fortalecer su capacidad para captar agua que alimente las presas, invirtiendo en la infraestructura verde.
#EmergenciaAgua

es una serie periodística producida por Conselva para impulsar en la agenda pública la discusión sobre la crisis hídrica y promover soluciones basadas en la naturaleza dentro de los marcos legales y sociales. 

Conselva

Desde hace una década, el promedio anual de lluvias registrado en Sinaloa ha sido por debajo del promedio histórico; desde 2021 van tres años en declive y las proyecciones no son optimistas. Tal es el retrato del fin de la abundancia de agua en Sinaloa.

“Somos un Estado productor de alimentos y esto nos hace profundamente dependientes de la disponibilidad y calidad del agua. Sin embargo, lo más preocupante es que, ante estos niveles de sequía tan importantes, no se están tomando las decisiones estratégicas y de largo plazo que se necesitan para asegurar a los ciudadanos que vamos a tener agua para el próximo año y los que siguen”.
Sandra Guido
Directora Ejecutiva de Conselva
“Lo único que estamos haciendo es apostarle a la siguiente época de lluvias, que no sabemos cómo vendrá. Es decir, le estamos apostando a algo que no tenemos en la mano y en eso existe un riesgo muy grande, porque seguimos usando el agua como antes y planeando el crecimiento urbano, industrial y agrícola como si fuéramos a tener mucha agua a futuro”.

Así se ha reducido el agua de lluvia en Sinaloa

La principal fuente de agua dulce para el ser humano es la lluvia, sin embargo, para el caso de Sinaloa, las precipitaciones tienen una tendencia a disminuir. Tan sólo en 2023 llovió 23 por ciento menos que en 2021.

De acuerdo con un análisis de datos del Servicio Meteorológico Nacional, elaborado para esta investigación, de los 24 años recientes, sólo en 8 años ha llovido por arriba del promedio 1981-2010, periodo oficial de referencia para medir los cambios de precipitación.

En cuanto a las proyecciones del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, si no se actúa a tiempo y continuamos con una economía con altas emisiones de carbono, dentro de 14 años (2040) lloverá 0.4 por ciento menos que el promedio base de 1981-2010.

Mientras que para 2060, las precipitaciones podrían descender 3.8 por ciento, lo que significa que las niñas y niños que nazcan en este 2024 no contarán ni con la poca agua que hoy derrochamos cuando sean adultos. Para 2100 podría ser de hasta -13.4 por ciento. 

Estas reducciones se presentarán en la zona centro y centro-norte del Estado, donde se encuentra el mayor desarrollo agrícola, advierte Conselva

“Las presas no producen agua”; la estrategia está en las cuencas

En Sinaloa existe la creencia arraigada de que tener presas es sinónimo de tener agua. Pero los embalses no la producen, sólo almacenan lo que un río les provee. 

En realidad, explica Conselva, el agua se produce en su cuenca, que es el territorio que capta la lluvia y forma los arroyos que alimentan al río. Cada río tiene su cuenca y lo que hagamos en este territorio determina la cantidad y calidad de agua de su río. 

En la cuenca, la calidad de la vegetación y del suelo son cruciales para la captación de agua. 

Por ello, subraya Conselva, vegetación y suelos sanos son la única infraestructura verde capaz de transformar la lluvia en ríos y acuífero. 

Una cuenca con suelos y vegetación sanos no sólo produce agua superficial y subterránea abundante y de calidad, sino que además controla las inundaciones, captura y almacena carbono y, sobre todo, retiene y forma suelo. 

Esto es sumamente importante para Sinaloa, explica Sandra Guido, porque casi todos nuestros ríos están represados y el volumen que puede almacenar una presa depende del aporte de agua y de sedimento del río. 

“Decimos a todos los agricultores: las presas no producen agua, tan sólo la almacenan. El agua se produce en la cuenca y ahí tenemos que trabajar para producir más agua”, precisa Guido.

Azolvamiento de presas y ríos: síntoma de degradación de la cuenca

Cada presa recibe y almacena no sólo el agua de un río, sino también los sedimentos que arrastra el afluente. 

Estos sedimentos se asientan en el vaso de la presa y van reduciendo gradualmente su capacidad de almacenamiento, describe Guido, por ello, es sumamente importante reducir el volumen de sedimentos que arrastran los ríos. 

Pero, ¿de dónde viene este sedimento? 

Este sedimento no es otra cosa sino suelo que viene desde la parte alta de la cuenca y que fue arrastrado por arroyos hacia el afluente, explica Conselva

Aunque nos hemos acostumbrado a ver ríos con agua “chocolatosa” después de lluvias intensas, esto no es normal. 

Fuente: Elaboración propia

Todas las presas tienen una capacidad máxima de azolvamiento, es decir, hay un límite establecido para cada presa para acumular este sedimento. Cuando se llega a este límite, la presa deja de cumplir su función principal de almacenamiento de agua. 

Conselva propone crear un plan de manejo integrado de las cuencas

Aun con el escenario de reducción en la precipitación que se está experimentando, es posible incrementar la captación de agua si se implementa un Plan de Manejo Integrado de la cuenca. 

“Aunque tengamos menos lluvias, podemos convertir estas precipitaciones en lluvia efectiva, es decir, lluvia que se transforma en ríos y acuíferos. Para ello necesitamos invertir en la infraestructura verde de la cuenca”, afirma Conselva.

La organización civil plantea que para producir más agua y de calidad, la cuenca requiere de tres acciones estratégicas: 

  1. Restauración.
  2. Conservación.
  3. Manejo sustentable de las actividades productivas de la cuenca.

 

Todo ello en un Plan de Manejo Integrado realizado con base en estudios técnicos validados en campo. 

La organización ha desarrollado estos Planes de Manejo Integrado para 11 subcuencas de Sinaloa, el equivalente a 2 millones 100 mil hectáreas y han probado la capacidad de la vegetación para captar el agua de la lluvia y drenar hacia el subsuelo para que se infiltre y recargue los acuíferos.

Un solo árbol de amapa pequeño, por ejemplo, puede canalizar al suelo alrededor de 2 mil 718 litros de agua de lluvia, mientras que un huanacaxtle mediano puede lograr un drenaje de hasta 12 mil 991 litros, arrojan datos de Conselva.

Si no estuvieran estos árboles, la lluvia caería sobre suelo desnudo y tan sólo lo erosionaría sin posibilidad de infiltrarse. 

A través de la investigación e implementación en campo de Planes de Manejo Integrado de la cuenca, Conselva validó que la estrategia es factible y exitosa.

“Invertir en la infraestructura verde de la cuenca no sólo es una medida eficiente, sino infinitamente más económica que la costosa infraestructura gris y genera además beneficios sociales muy importantes”, expone Conselva

La infraestructura verde es además complementaria de la infraestructura gris, como las presas, y puede mejorar tanto la cantidad como la calidad del agua del río que recibe la presa. 

“Llegó el momento de comprender que el problema de la escasez de agua no lo resolveremos con infraestructura gris. Hoy tenemos presas, canales, pozas, tubos y bombas, lo que no tenemos es agua. Sólo la infraestructura verde es capaz de producir agua”, afirma Sandra Guido.

Hasta ahora, la estrategia para mitigar los efectos de la sequía por parte de las instituciones gubernamentales se ha enfocado a más infraestructura gris, como represas y suministro del recurso con pipas. 

Si queremos asegurar el agua para el futuro, llegó el tiempo de invertir en infraestructura verde. 

Para que el agua alcance: emprendamos hoy acciones de restauración y conservación de las cuencas, el único y verdadero origen del agua.

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